Las lecturas se acumulan en torres sucesivas de volúmenes esperando a ser leídos, mientras del otro lado de la habitación, tan solo observo su estado de sosiego y su displicente inactividad. Sin embargo, percibo sus ansias de ser estrechados entre las manos y tomados hoja por hoja por cada ojo de mi cara, posándome sobre su negra tinta, aguardan impacientes su turno para contarme la historia que llevan en su vientre. Pero yo, impasible, permanezco adusto entretenido en otras tareas y no les presto tan siquiera un gesto para alcanzarlos y cumplir sus deseos. Son tantas las veces que me encuentro de repente en esta desdichada situación, en la que de un momento a otro paso del frenesí de la lectura a una pasividad remordiente de la que no puedo librarme con facilidad. Llegué a la conclusión que esta parálisis es la contraparte del conocido virus “bloqueo del escritor”, pero en la versión que atraviesa el espejo, tengo “bloqueo del lector”, definitivamente a veces tengo violentos accesos de este virus en los que paso sin tocar un libro y si acaso veo alguno, me porto completamente indiferente. Ignoro exactamente cuales son las vías del contagio, pero eso si, me doy cuenta de lo rápido que actúa sobre el organismo infectado, de súbito uno se encuentra totalmente distanciado de los libros, sin explicación lógica o conocimiento de la duración de la enfermedad. Aunque he intentado recuperarme con remedios caseros como pequeñísimas dósis de lectura después de cada comida, como si estuviera dándome traguitos de peptobismol o bién solicitando la intervención de algún alma caritativa que quiera leerme para escuchar las historias contadas con la voz de alguién más, todo ha resultado francamente inútil. Así que hasta hoy, solo he tratado de aprovechar el “bloqueo del lector” para escribir un poco.
Archive for August, 2009
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Han dicho …