El Café de los Fantasmas

Todo se ve gris, no distingo entre lo claro del día y lo oscuro de la noche. Todo el tiempo es no dia y también es no noche. No tengo frío ni tampoco calor, debo decir que me siento muy agusto con este clima que llevo conmigo. Oigo muy bien y a muy largas distancias y que decir de cuánto veo, los anteojos ya no los necesito en absoluto.

Diariamente, si puedo utilizar con propiedad esta palabra, camino sin descansar, camino hasta que el hastío me invade y entonces dejó de caminar y me siento a ver. Veo todo muy lejos, cómo si no hubiera andado nada, como si el mundo que me rodea fuera una gran pintura que se extiende sobre mí, debajo de mí y hacia todas direcciones. Una gran pintura suspendida ante mis ojos que me envuelve y me rodea y es mi mundo.

Estoy muerto, lo sé hoy, antes no lo sabía, no me lo dijo nadie, lo supe de repente. Creo que fue ayer cuando la verdad me salto en la cara y ahora que lo pienso bien fue exactamente eso lo que me dejo ver de frente mi estado actual. Soy un fantasma y que mierda de muerte, un fantasma triste. Lo que no recuerdo bien son los pormenores de mi muerte, si la memoria no me falla creo que estaba despierto cuando todo me ocurrió.

Hay un café que de manera inevitable debo llamar el café de los fantasmas, allí nos reunimos nosotros los fantasmas y charlamos sobre todas las cosas que hicimos, evitamos hablar de las cosas que dejamos por hacer para no pasar tristezas.

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Now playing: 06 Concerto in F Major, RV569 – 3. Allegro
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