La Rebelion de Atlas 1era Parte 1.c

Son pocos los libros de los cuales uno puede con toda seguridad decir que son vitales, que uno recomienda a los amigos con el mayor de los gustos, con el entusiasmó que los ojos de su entendimiento sean también esclarecidos un poco mas y que además duda en compartirlos con otros por obvias razones. No es el único libro que me permite restregarme un poco los ojos y percatarme un poco mejor de la realidad, pero sin lugar a dudas lo ha hecho y profundamente. Vamos ahora entonces a los highlights


67. —Los filósofos del pasado fueron superficiales —prosiguió Pritchett—. Nuestro siglo aceptó la misión de redefinir el propósito de la filosofía. Éste no consiste en ayudar al hombre a encontrar el sentido de la vida, sino en demostrarle que no existe tal sentido. —Los filósofos del pasado fueron superficiales —prosiguió Pritchett—. Nuestro siglo aceptó la misión de redefinir el propósito de la filosofía. Éste no consiste en ayudar al hombre a encontrar el sentido de la vida, sino en demostrarle que no existe tal sentido.
68. La sociedad actual sufre carencia de oportunidades industriales y tenemos el derecho a apoderarnos de las mismas allá donde existan. Hay que considerar justo todo aquello que pueda beneficiar a la masa.
69. Su hermana representa un síntoma de la enfermedad que afecta a nuestro siglo. Es un producto decadente de la era de las máquinas. Las máquinas han destruido el alma, del hombre, lo han apartado del suelo, le han robado sus dotes naturales, han matado su espíritu y lo han vuelto un «robot» insensible.
70. —Verás; no es posible celebrar una fiesta… una fiesta importante, sin contar con él. Su presencia puede resultar molesta, pero su ausencia constituye un fallo social de primer orden.
71. —¿Qué enseñaba Hugh Akston? —preguntó la matrona. —Enseñaba que todo es algo —respondió Francisco.
72. Si las acciones propias son honradas, dicha confianza resulta innecesaria; basta con la percepción racional de los demás. La persona que anhela un cheque moral en blanco de semejante género, lleva intenciones aviesas, tanto si lo admite como si no.
73. Para mí tan sólo existe una forma de depravación humana: el hombre que carece de propósito.
74. La estancia no estaba fría, pero aquella gente parecía consolarse con la idea de un fuego inexistente.
75. Lo ganado no tenía significado alguno. Le dejaba no un sentimiento de plenitud, sino de autodegradación. Conforme pasó el tiempo, fue aborreciendo dicho deseo y luchó contra él Llegó a creer que se trataba de algo puramente físico; no producto de la conciencia, sino de lo material, y se rebeló contra la idea de que su carne tuviera libertad para escoger y que dicha elección fuera independiente de su espíritu.
76. Se despreciaba. Aborrecía una necesidad desprovista ya de goce y significado, reducida a la simple necesidad del cuerpo anónimo de una mujer, a la que tenía que olvidar mientras estaba con ella. Llegó a la convicción de que tal necesidad era un sentimiento depravado.
77. El odio hacia su propio deseo le había hecho aceptar la convicción de que las mujeres eran puras, y de que una mujer pura es incapaz del placer físico.
78. —Si es que no quedan personas competentes, tendré que extraer mi propio cobre, igual que hago con el mineral de hierro. No puedo exponerme a interrupciones debidas a escaseces o fracasos. Tengo necesidad de mucho cobre para mi metal.
79. El hombre no es más que un animal de los más bajos, desprovisto de inteligencia y de alma, sin virtudes ni valores morales. Un animal que sólo sirve para dos cosas: para comer y para reproducirse.
80. Se preguntó qué habría destruido a aquel hombre; qué error en su camino pudo ocasionarle semejantes estragos.
81. —En una época de desesperada escasez de acero, no podemos permitir la expansión de una compañía que produce demasiado, porque podría arruinar a otras más modestas, creando así un desequilibrio económico que…
82. Se dijo que era inútil discutir con gente que no rechazaba ni aceptaba argumentos.
83. «A una mente sin temor. A la verdad inviolable».
84. Se sentó, contemplándolo a la manera de un científico, sin dar por descontado nada, eliminando toda emoción, buscando sólo observar y comprender.
85. —No son difíciles de deducir. Si considera que durante trece años este Instituto ha albergado un Departamento de Investigaciones Metalúrgicas a un coste de más de veinte millones de dólares sin producir nada, aparte de un pulimento plateado y de una preparación anticorrosiva que a mi juicio no es tan buena como las anteriores, puede imaginar cuál será la reacción del público si un particular fabrica un producto que revoluciona la ciencia entera de la metalurgia y triunfa en toda la línea de un modo tan sensacional.
86. Créame, no existe otro modo de vivir en la tierra. Los hombres no se muestran dispuestos a admitir la verdad o la razón. No puede llegarse a ellos con argumentos racionales. La mente carece de fuerza en esta lucha. Sin embargo, hay que contender. Si queremos conseguir algo, tenemos que engañarlos, a fin de que nos dejen realizar la tarea. U obligarlos. No comprenden otra cosa. No podemos esperar su ayuda para una empresa de la inteligencia o un objetivo del espíritu. No son más que animales agresivos, egoístas, interesados, rapaces, cazadores de dólares que…
87. ¿Inteligencia? Es un destello tan raro y precario, que brilla un instante entre los hombres, para desaparecer después.
88. A su edad, yo tenía la misma fe en el ilimitado poder de la razón. Idéntica brillante visión del hombre como ser racional. Pero desde entonces he visto muchas cosas y me he desilusionado con frecuencia…
89. La suya era esa clase de inteligencia que uno confía ver reinar en el futuro, cambiando el curso del mundo.
90. —Aquellos tres hombres, aquellos tres estudiantes depositarios de todas las esperanzas que el don de la inteligencia puede suscitar… aquellos tres muchachos a los que augurábamos un magnífico futuro… eran Francisco d’Anconia, el que ha acabado convirtiéndose en un depravado Don Juan; el otro, Ragnar Danneskjold, un auténtico bandido. Eso es lo que cabe esperar de las promesas de la mente humana. —¿Y el tercero? —preguntó Dagny. El profesor se encogió de hombros. —El tercero ni siquiera llegó a alcanzar tal clase de distinción. Desapareció sin dejar rastro, sumido en la desconocida inmensidad de lo mediocre. Probablemente estará trabajando en algún sitio como ayudante de contabilidad.
91. Aceptaré todas las responsabilidades y completaré esa línea a su debido tiempo. Una vez hayáis visto cómo el metal Rearden resiste la prueba, transferiré otra vez la línea a la «Taggart Transcontinental» y volveré a mi antiguo empleo. Eso es todo.
92. Podéis ocultaros todos tras de mí. Si tenéis miedo o si habéis cerrado tratos con amigos que se sienten amenazados por el metal Rearden… ahora dispones de una oportunidad para asegurarles que no te ves comprometido en nada; que no eres tú quien lo hace, sino yo.
93. —¿No crees que sería mejor escoger a un joven más distinguido, procedente de buena familia, con mayor empaque social y…? —Será Eddie Willers, Jim. Él suspiró.
94. Nat Taggart mató a un político porque se atrevió a rehusarle cierto permiso que en realidad no tenía por qué solicitar de él. No sé si Nat Taggart lo hizo o no. Pero puedes estar seguro de una cosa: que si cometió ese hecho, yo sé muy bien cuáles fueron sus sentimientos en aquel instante. Y si no lo hizo… quizá lo haga yo en honor de la leyenda familiar. Puedes estar seguro, Jim.
95. Pronunciaba las palabras con precisión impersonal. Se detuvo, esperando su respuesta; pero él guardó silencio.
96. —Voy a darte una idea útil. Las contradicciones no existen. Cuando te creas ante una contradicción, repasa tus datos. Siempre encontrarás alguno equivocado.
97. —No ruego a nadie que corra mayores riesgos que yo en cualquiera de mis aventuras. Si se trata de un juego, siempre estaré a la altura de un rival.
98. Pensó que aquella cara y la fría y radiante claridad de su voz y de su mente apuntaban hacia un único fin. Su rostro era igual que sus palabras; como si la línea general de un tema único discurriera desde la sostenida mirada de sus ojos, por los fuertes músculos de sus mejillas, hasta la curva algo desdeñosa y abatida de la boca, formando una línea de implacable ascetismo.
99. Atendió aquel asunto sin quebrantar su cadena de entrevistas, sin levantar la voz, sin dar señales de fatiga, de incertidumbre o de temor. Había actuado con la rapidez y precisión de un jefe militar bajo el fuego enemigo, y su secretaria, Gwen Ivés, se portó como un ayudante tranquilo y eficaz.
100. No eres humano. No sientes compasión hacia tu hermano ni te duelen sus sentimientos.
101. —Eres cruel. Una parte de tu temperamento es mezquina y egoísta. Si quisieras a tu hermano le darías un empleo que no merece, precisamente por eso. Sería cariño verdadero, amabilidad y hermandad ¿Para qué sirve el amor? Si un hombre merece un trabajo, no existe mérito alguno en concedérselo. La virtud se basa en dar a quien no ofrece nada a cambio.
102. Si podía conseguir aquello, lo conseguiría todo… Sintió deseos de aceptar diez nuevos problemas a la vez. Le pareció que estaba en un mundo donde nada podía resultarle imposible.
103. Por el momento, con una extraordinaria claridad, con una brutal simplificación que lo hacía parecer todo más fácil, sólo admitía una idea: «Este obstáculo no puede detenerme». La frase parecía colgar en el aire, sin pasado ni futuro.

Escrito mientras escuchaba el disco “Con tus ojos” de Alejandro Filio con un habano Don Leopoldo Torpedo

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